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lunes, 29 de agosto de 2011

Tapis.

Los cuatro hombres tristes que rodeaban cada palabra con un sorbo más a sus copas. Rebosaban inquietudes por actitudes no aptas y a las señoras mayores que apoyaban los codos en las ventanas cada mañana aludían con un buenos días. Las líneas de la carretera para ellos eran simples trozos hilados a una gran mancha negra, carecían de significado.
Nunca apagaban la luz por si algún mosquito no encontrase el camino y con cada sorbo hacían que cualquier poeta pareciese cualquier limosnero mendigando pan.

Y a las faldas no le faltaban sus ocho ojos curiosos.


    No vamos a proclamar vencedores por miradas distraídas.
                                                                   

3 comentarios:

Madame Garburn dijo...

Wow, me encanta cómo te expresas, de verdad.
Es genial :)
Un saludo (L)

El Escritor dijo...

Es verdad, tenés una forma de expresarte muy extraña y por eso atrapante. Seguiré leyéndote y te recomendaré.

éxitos y abrazo.

Dangereusse' dijo...

Lo de las faldas nunca cambia ¿eh?
Pd: Querida Ana , a estas alturas de nuestra relacion bloguera he renunciado a comprenderte asi que ya solo disfruto con lo bien que suenan las palabras xD

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