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miércoles, 13 de julio de 2011

Équivalence.

La nueva primavera llegó ese año con los restos de una nieve invadida por las quebradas ramas de los árboles, desde el suelo vislumbraba las nuevas que habían crecido más fuertes y sanas. El pequeño rastro verde frondoso de los árboles y la suave melodía de la nada, cubría todo pensamiento cercano al hogar. Allí, dónde todo parecía estar de acuerdo, entrelazando sus vidas entre sí, sin disputa, toda ausencia de violencia.
El suelo se ablandecía bajo mis pisadas, dejando los pequeños surcos de mis suelas atrás, cómo inaugurando un nuevo sendero por el cual desvelar colores impregnados en sus rincones.

Las hadas susurraban tras mi pelo y las libélulas iluminaban aquella porción de paraje en la que me encontraba.

Jamás vi tanta armonía relucida en el gran rostro de aquel espesor. Jamás volveré a mirar a los grandes monstruos que coronan la ciudad desde los ojos de un niño.
Que en la noche aquél manto de pureza me abrazó cómo a uno más y en la ciudad todos me tratan cómo un extraño.



1 comentario:

Sarita dijo...

wow GREAT painting, love it:) awesome colors&style!
xoxo

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