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viernes, 19 de abril de 2013
Un amante de carmín.
Hay sucesos en la sala de espera, anhelando ser arrastrados a la realidad o a otro mundo que no sea imperecedero. Hay retablos esperando al óleo, para expeler armonía por cada uno de sus tintes derramados y extendidos en su rostro. No hay amor que elija la libertad sin hallarse confundido, no hay amor que elija ser esclavo sin el temor de permanecer aterido. Hay instantes que eligen ser prófugos de la verdad y sin embargo yo elijo la delicia de la mentira que suscitó vida a mi desierto. Tu y yo, que fuimos el oro que bordaba lo irrisorio, tu allá en tus floridos campos, yo aquí, en el frío asfalto.
Y si marchita, pues que hiera, porque lo que fue era y no sigue siendo, porque lo que era existirá en nuestro orgullo, en las falanges que no comercian un olvido.
martes, 5 de febrero de 2013
Deseo y espera.
El ser seguirá existiendo, como un ente ebrio de lo idílico, cercenando cabezas por ese néctar tan ingrato. Recogemos la rosa aún a la espera de hallar espinas en ella, pero encarnamos nuestro rostro y olvidamos el pesar, porque parece ser que se digiere mejor el anochecer, o eso he oído. Perdemos en honor a nuestro desequilibrio temporal, reorganizamos las palabras para componer una primavera, que va descolgando azarosa los pétalos de su nacimiento. Me mira, buscando las ramas que ha perdido, tanto tiempo en este mundo y aún me suplica que le enseñe el diálogo de las briznas del cielo.
Todo lo oído cabe en tus labios, todos mis caminos recorren tu piel.
El patronato temperamental, la exaltación suprema del alma, las vicisitudes por las que nos vemos obligados a preñar nuestras vidas con mucho más de todo aquello que no necesitamos.
Viens avec moi.
sábado, 20 de octubre de 2012
Manes .
Y si se sucede la eterna bifurcación de mis sueños, ya no tengo miedo, ya no concedo los segundos a ese tintineo tan esperpéntico y desgarbado. Que me arropa en sus noches de mil mantos gris con exhalado hiel, que destapa a generaciones antecesoras de mis absurdos pánicos infantiles. Que reza por mil pliegues de horror en mi rostro, que me haga ser partícipe de auto-flagelarme aullando a las sábanas de sombras que cesen, que invadan otro habitáculo, albergando la desdicha en mi ausente valentía.
Los entrecejos de tu mirar siena, la valiosa armonía que delira espantando mis males.
Mientras que el sol no demore mis salones oníricos con plácido letargo temperamental.
Como el tumulto callejero que somete sus alaridos por la cumbre de un palacio árido, que tan sólo suspenderá su existencia en las mentes desconchadas.
Por la fusta del templario.
Por la retina del centauro.
Por las falanges de la muerte.
Por la escisión permanente.
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